La Gran Tirana


Primeras Impresiones del autor...
En primer lugar resulta curioso ver un icono tan habitual como una señal de tráfico. A continuación se centra la atención en los espejos. Seguidamente dependiendo de los miedos, y sensibilidad del público cada cual percibirá una prohibición determinada, por ejemplo prohibido mirar la señal, agacharse, vestir de ese modo, fotografiar, sonreír, o incluso prohibido ser tú mismo. Instantes después la capacidad reflexiva de los espejos muestra todo su potencial y el espectador comprende que la señal simplemente dice "prohibido hacer o ser cualquier cosa que esté cerca de mi, no importa qué."

Llegado este punto, las reacciones son diversas, hay quien simplemente recibe este mensaje, y hay en quien despierta una reflexión sobre la libertad…
Por qué una señal de tráfico
Una señal de tráfico es una pieza convencional, muy habitual, tan habitual en nuestro día a día que a pesar de representar firmes prohibiciones, por ser necesarias para el orden y seguridad vial, son aceptadas sin rechazo ni recelo y percibidas no como una prohibición sino como una necesidad o un ente regulador.

Naturalmente la necesidad de este tipo de prohibiciones es innegable al igual que su función indiscutible y no cuestionada con esta obra. Sin embargo, me gustaría que todo el mundo al contemplar "La Gran Tirana" se pregunte la cantidad de pequeñas libertades a las que a diario renuncia y al igual que con las prohibiciones de tráfico quedan enmascaradas y pasan desapercibidas, sacrificando virtualmente de manera libre el concepto de Libertad en aras de necesidades inventadas o artificiales y muchas veces esencialmente innecesarias.
Por ejemplo, muchas de las personas que observen a "La Gran Tirana" tendrán ocupaciones sistemáticas que probablemente les impidan, casi hasta el punto de prohibir: llevar a sus hijos al colegio, vivir con su pareja, dormir diez minutos más todas las mañanas, o simplemente desayunar tortitas con nata por falta de tiempo.

Algunos trabajarán para empresas en las que los sistemas informáticos prohíban el acceso a cierta información, o incluso intervengan las comunicaciones privadas. Algunas solicitarán sobre esfuerzos no remunerados que obligan a quedarse más allá de las diez de la noche o a trabajar los sábados. Otras pondrán a sus empleados en un avión de aeropuerto en aeropuerto impidiendo que cada noche se reúnan con la gente que quieren, o duerman donde les apetezca. Una minoría los obligará a subir a un andamio sin preguntar si debajo hay red de seguridad o no...

Y sí, podría decirse que quienes soportamos este tipo de situaciones lo hacemos libremente, y seguro que nos engañaremos pensando los fines de semana que podríamos no hacerlo los días de diario y que por tanto lo hacemos de manera libre, pero cuando las alternativas son pocas este pensamiento es cada vez más un espejismo: del mismo modo que cuando alguien encañonado por un pistola es obligado a matar a otro y todos sabemos que no lo hace libremente, muchos actualmente "vendemos" gran parte de nuestra libertad, y si reflexionamos sobre ello tal vez no lo hagamos tan libremente como creemos